miércoles, octubre 28, 2020
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Laika Perra Rusa: no pare, sigue sigue

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La saga política y bailable de “Marcha I” y “Marcha II” tiene ahora un flamante EP de remixes de otres artistas y prepara otra edición para octubre.

Música de “marcha”. Así le decían -desde el prejuicio o el desconocimiento, si no son lo mismo- en esos infames 90. Quizá el término refiriera a la expresión festiva española o improbablemente a esa narrativa de intensidad progresiva que sabe proponer la electrónica. Difícilmente fuera asociado a una manifestación política más que a aquellos cd´s que Julio Alak repartió en todos los hogares de La Plata y que Guido asegura ver tirado alguno cada tanto por la calle. O tal vez fuera un poco todo, porque en definitiva arte y sentido son un mix infinito.

Lo cierto es que aquello no estaba tan presente cuando -pensando más en los Cadillacs que Kraftwerk- decidirían armar una banda sin siquiera tener instrumentos… o muy pocos. Entre ellos, el Microkorg-Mk1, que en aquel ensayo entre guitarras acústicas dispararía involuntariamente un loop. Casi como llamando hacia un pulso interno un techno imaginario. O algo así. Pero en cuestión de minutos -o lo que tomaba recorrer el largo pasillo de los Badini para recibir al delivery de empanadas- surgirían las bases de uno de los temas más festejados de la banda por entonces considerada indie: “Cosaco”.

Con el “giro neoconservador” del 2015 se generaría como resistencia una suerte de espíritu de época, con el cuerpo como un campo simbólico, la pista -o fiestas en departamento- como lugar de encuentro y las manifestaciones políticas como lugares de lucha pero también de alegría verdadera. No la de la promesa de revolución desinflada cual globo cuyo costo sería más alto incluso que cinco, cero, cero, cero, cero, cero, cero, cero, cero, cero, cero (bocha de guita). Con vocación de explorar y a la vez no temer a referencias explícitas como Hot Chip, LCD Sound System y Alex Adwanter, la banda diseñaría un concepto sonoro y lírico que abrevara ese contexto tomando de la electrónica no solo sintetizadores o voice chops sino esencialmente ideas.

Del mismo modo que a Guido lo asombraría Manu Chao combinando y remezclando bases y letras de tres o cuatro temas haciendo todo un show, “Marcha I” y “Marcha II” serían un elogio a la idea de mezclar y remezclar palabras y sonidos pensando las canciones como loops proyectados en el vivo. Un relato lúcido y por momentos ácido sobre política, sexualidad y frustración juvenil sin perder de vista el movimiento y el baile: “A las seis, camino al maxi kiosko/Mi mente sabe: cada día es diferente/Pero la rutina y el trabajo me obligan a clavarme este helado en la frente/como un loop los días se suceden/más llamados salidos desde el call-center/ dame noche, dame un plan bien acabado/para matar al presidente/ no quiero nada solo tenerte aquí, bailar bailar bailar, dame una bala y una oportunidad, matar, mata”.

Un presidente después y con el otro viajando aún en pandemia, el plan concretado pero no acabado implicaría un consecuente EP de remixes (con visiones libres y diversas de Aziz Azze, Antuantu, La Danza de las Bestias y Marton Marton), una segunda edición para octubre y los primeros bocetos de un álbum nuevo donde un nuevo giro se espera. Y es que de eso se trata la marcha para Laika Perra Rusa: avanzar entendiendo el pulso de la época que sin perder de vista el tiempo propio.

“El disco de remixes -introduce Guido Dalponte, cantante del grupo- nace un poco como saga de Marcha pero también como una revisita a Marcha. Tiene ese condimento. Si bien son amigues, son ajenos al proceso como para darle una frescura, una mirada nueva. Se nota bastante porque un poco lo que estamos mostrando como contenido, que cada productor cuente cómo se acercó al material y como plantea su mirada. Cómo la hacés diferente, qué decisiones tomás, qué decidís que se transforme. Todo un campo para la creatividad musical que nosotros en algún punto vivimos. Hacés un disco con alguna referencia, con algún acorde robado. Es un remix en otros términos”.

Para “Marcha”, el quinteto -que completan Juan Badini, Gastón Figueroa, Guido Dalponte, Adrián Oviedo y Elías Zapiola- armó “un plan con un sonido de referencia. A partir de esas referencias, de ese material para ´remixar´, pensamos qué queríamos que pase en vivo y en principio las canciones del show en vivo no daba forzarlas. Un rock&roll no iba a ser un house. Por eso son tantos temas. Reescuchando siento que hay un sonido muy de búsqueda, pero que no es un punto de llegada sino una foto del recorrido”.

El baile pasó a ser un eje central: “Hubo un desarrollo conceptual bastante fuerte vinculado a que estábamos escuchando música vinculada al baile. Hubo una búsqueda en ese sentido de hacer más sencillas las armonías… triádicas, repetidas… un loop armónico. Y si se mueve, que sea una atmósfera. Hay canciones que trabajan la idea de loop en la letras, como recursos poético. La música electrónica como idea e inspiración es bastante poderosa y tiene propuestas enriquecedoras. Marcha no solo se trata de poner los cuerpos en marcha. Queríamos decirla en el contexto, ya que siempre pensamos que era un disco de la era macrista, muy vinculado a esa coyuntura. No es lo mismo decir cualquier cosa en cualquier momento. Y por otro lado, de la marcha, de la música electrónica, o con esa categoría desde el prejuicio”. Y repasa la evolución del género: “Recuerdo que en el boliche la pista principal era de cachengue… sea lo que sea cachengue (risas). Latino, cumbia… Y después estaba la pista de los que bailaban ´marcha´. Y era distinto… había una otredad. Y ahora es otra cosa, al menos en La Plata. Ya no son las fiestas clandestinas. En los últimos años se oficializó mucho la movida”. Y la falta de ortodoxia ya sea con el rock o con la electrónica fue esencial: “Yo creo que la principal potencia de la banda fue su ignorancia respecto a las tradiciones”.

Al repasar las primera épocas de la banda, se repite una constante: tener una idea sin dejar de ser permeable a lo que sucede alrededor: “Nos vinculamos con el contexto. Salir de la burbuja de lo que uno flashea y negociar con el ambiente donde vivís. Si la banda se formaba en San Miguel de Tucumán, quizá haríamos folklore de proyección”.

Mientras atraviesan la pandemia y aguardan un nuevo EP de remixes, LPR pre diseña un nuevo disco: “Ya empieza a tomar otros colores. Partimos de qué nos imaginamos de paleta de colores. Si ´Marcha´ era azul intenso y es el color que nos remiten las máquinas, este quizá sea más amarillo anaranjado, cálido, con percusiones tocadas en vivo y no programadas”.